Scaloni, un obrero de la construcción


Hablamos de fútbol, claro que sí. Pero el recorrido de la charla de Olé con Lionel Scaloni pasa mucho más por la esencia que aflora por debajo de su rol de entrenador de la Selección Argentina.

El tipo que recuerda con simpática nostalgia cuando era un loquito por la velocidad fana del TC, pero en todo momento destila la sencillez que lo acompaña en cada acto de su vida e intenta transmitir a su equipo de estrellas internacionales.

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Scaloni no se la cree y baja, no uno: tres cambios a la obligación de ganar que impone el exitismo ambiente. Destaca más a Messi por las condiciones humanas que lo ayudan a la cohesión del grupo que por su enorme valor futbolístico.

Promete dar pelea pero no ser campeón; descomprime al equipo del karma de ganar o no ser nada, porque en cualquier torneo “sólo podrá ganar uno”.

Dice que un futbolista que se crea que es más que otra persona porque lo conocen en la calle, está equivocado: que ninguno es más que un obrero de la construcción.

Se reconoce un privilegiado por poder dormir ¡en un motorhome! en Ezeiza, donde la capacidad habitacional está desbordada por la cantidad de futbolistas y personal auxiliar que, por protocolo, deben ocupar los cuartos sin compartirlos. Se mueve por todas partes en bicicleta.

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Dirá el tiempo hasta dónde puede llegar alguien que predica y ejerce esa filosofía en el país enloquecidamente futbolero donde se habla hasta de echar a un alcanzapelotas si no hace algo para impedir que los rivales saquen un lateral antes de que el equipo propio se reacomode.

Si no es campeón, aunque llegue a la final y la pierda por penales, los que ponen resultados como la medida central de todo análisis lo meterán en la bolsa de “perdedores”.

Si levanta la copa, por ahí lo suben al podio de Menotti, Bilardo y Basile. Algo seguro es que eso, a él, no le va a cambiar nada.



Tomado de Olé – Selección

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