Las causas de la suspensión de la Copa América en la Argentina


Los números mandan en definitiva. Y aplica la frase hecha para cualquier sentido posible. Así de amplia resulta. En un abrir y cerrar de ojos, hubo que tirar la toalla. Lo que hasta el viernes por la noche (y tal vez, incluso hasta el sábado) era un hecho consumado, la reconfirmación de la Argentina como sede de la Copa América, horas más tarde, el domingo por la noche, la historia se revirtió. El consenso no fue tal y el aguante se desvaneció cuando las bases se quebraron. Lo que era un SI, aunque no del todo rotundo, se transformó en un NO con bastante aceptación. Y a esperar.

¿Qué fue lo que pasó?

De por sí, venía malparida la cosa. Se tenía que haber jugado el año pasado pero la pandemia del coronavirus pateó todo para adelante. Esta vez, la fortuna no cambió demasiado. La co-organización de la mítica competencia Conmebol, nacida allá por 1916, se destruyó cuando los problemas sociales de Colombia se metieron en la cancha. Existieron entonces dos opciones para nuestro país: ponerle el pecho en solitario al desarrollo del certamen o buscar otro compañero de aventuras. Allí tallaron muchas especulaciones. Incluso se miró con cariño a Chile y sus chances de permitir abrir al 30% su aforo. Porque, en definitiva, la pelota con público alrededor parece rodar distinta. Pero…

Ni una cosa ni la otra. A dias del arranque (el 13 de junio, según el fixture original, Argentina debía recibir a Chile y Paraguay cruzarse con Bolivia), el barajar y dar de nuevo ganó por nocaut.

Con las elecciones a la vuelta del esquina, la Copa América quedó instalada en la agenda nacional entre medio de las páginas calientes del coronavirus. Y las estadísticas fueron contundentes por partida doble. Por un lado, este domingo, se informaron en el país 21.346 contagios y 348 fallecidos para un total de 77.456 muertes por Covid-19 desde el arranque de la pandemia. Por el otro, se conocieron en los últimos días los resultados de un par de encuestas de imagen donde los resultados fueron fatales para el Gobierno: el 70% de los entrevistados (incluidos varios defensores de la actual conducción) mostraron su disconformidad con la organización de la Copa en la Argentina. Al punto que la principal cabeza de la oposición, el ex presidente Mauricio Macri, aprovechó la volada para llevar agua para su molino. Y en este contexto, en Balcarce 35, en la Quinta de Olivos, abrieron los ojos como nunca. Definitivamente, las cosas no estaban saliendo bien. Incluso cuando parte del departamento de logística de la Conmebol ya estaba por nuestros pagos.

El día D

El domingo, desde temprano, las dudas se habían puesto como nunca sobre la mesa. Recién llegada de una gira por México y Cuba, la Ministra de Salud Carla Vizzotti, anticipó desde Ezeiza, como quien no quiere la cosa, que la organización de la Copa América en nuestro país no podía ser asegurada. Y sonaron las alarmas. Y las rarezas. Porque, según pudo averiguar Olé, tanto en Casa Rosada como en Luque, Asunción, en la casa de la Conmebol, se sabía que la competencia no correría más riesgos. Que habría un protocolo XXXL, más que estricto, para que nadie temiese ningún desbande. Pero la segunda ola se llevó puesta a las buenas intenciones. Incluso la del Ministro de Turismo y Deporte, el ex presidente de San Lorenzo Matías Lammens, quien era uno de los más confiados en el buen andar del centenario torneo. Hasta que, después de un sinfín de rumores y de reconfirmaciones casi a la vez, fue el Ministro del Interior, Wado de Pedro, quien ‘informalmente’ (aunque, por supuesto, con el aval del presidente Alberto Fernández, quien ya le había dado el OK a Alejandro Domínguez en Olivos) le puso cierre a los dimes y diretes: no habría Copa América para la Argentina. Una todavía durísima situación sanitaria y el fuerte rechazo de la gente resultaron entonces más que decisivas. ¿Fútbol sí, clases no? Ese era el interrogante sin respuestas que vivía en las calles. Y con mucho esfuerzo, se recuerda, se postergaron para esta semana las semifinales -y la final- de la Copa de la Liga Profesional, lo que también fue polémico. Y, para muchos, piantavotos. La presión política era evidente.

Los muchachos del plantel, en Ezeiza, se atragantaron en la cena mientras se recordaban las palabras de Lionel Messi que se viralizaron por los sitios de AFA y donde se lo mostraba al rosarino con una confianza plena. Y si es que hubo postre, la cereza se puso cerca de la medianoche, cuando Conmebol, desde sus redes sociales, fue quien confirmó la especie. El dolor también pegó de lleno en las tesorerías. Según se informó hace días en un comunicado oficial, “la selección ganadora del torneo se alzará con un premio de USD 10.000.000, que se sumarán a los USD 4.000.000 que recibe cada selección en concepto de preparación y logística. El premio principal tuvo un aumento de USD 2.500.000 con respecto a la pasada edición de la Copa América, pasando de USD 7.500.000 a USD 10.000.000. Con esto, el torneo de selecciones más antiguo del mundo gana aún más atractivo y competitividad…”.

Lo que viene (si es que viene)

En medio de días convulsionados, ya varios jugadores del continente se habían expresado en contra de la realización del torneo. También, como se dijo, Mauricio Macri, quien a su vez es presidente ejecutivo de la Fundación FIFA y al que Gonzalo Belloso lo cruzó acusándolo de intentar boicotear la organización por cuestiones políticas. Desde Conmebol, tras aquella reunión con Alberto, eran optimistas acerca de que el torneo se jugara acá y hasta se había hablado de sumar sedes, como las canchas de Estudiantes, Vélez y Boca. Ahora ya no será. Y Chile y EE.UU. aparecen como los candidatos. Incluso Qatar.

¿Y ahora qué hacemos?

Este lunes, desde temprano, se conoció que habrá una reunión virtual del Consejo de la Conmebol, luego de una noche que se intuye que fue con muchas llamadas. De ese cónclave debería salir una respuesta a la pregunta del millón: ¿dónde se jugará la Copa América? Y la opción de suspenderla (otra vez) entra en algunas cabezas…

“La Conmebol ya analiza la oferta de otros países que mostraron interés en albergar el torneo continental”, cerraba el tuit de las 22.47 de anoche que sacaba al torneo de los límites de la Argentina. ¿Qué países se propusieron? Oficialmente, sólo Chile manifestó sus intenciones de ser organizador de la mitad que le correspondía a Colombia. Incluso, desde el otro lado de la Cordillera presentaron una propuesta de estadios cerrados y otra con determinada cantidad de público, teniendo en cuenta que el plan de vacunación en ese país está avanzado. Así y todo, los casos allá están en alza. Luego de alcanzar, el 16 de marzo, los 155 infectados con coronavirus en una sola jornada, el 19 de mayo el gobierno de Sebastián Piñera optó por el cierre de fronteras, declaró toque de queda entre las 22 y las 5 en todo el territorio; y ayer, informó 7.772 positivos -aunque la tasa de positividad es de 9,01%, cuando en la Argentina no está bajando del 30%-.

En los últimos días, desde Luque se llegó a deslizar jugar la final en Paraguay, con presencia de hinchas. Y se analizó a Uruguay, de buena relación reciente con la Conmebol -Montevideo albergará las finales de la Libertadores y la Sudamericana- como alternativa para algunos partidos. ¿Y si la llevan a Estados Unidos? Cada vez más se ven allí espectáculos con tribunas semi completas: NBA, MLS, IndyCar -¡más de 100 mil!-, recitales… También apareció Qatar en el sorpresivo mapa de planes B. ¿Qué mejor que un torneo de envergadura que haga las veces de ensayo en la previa del Mundial? ¿Y si directamente se cancela la Copa?



Tomado de Olé – Selección

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