la trama de un torneo con internas


A ocho días del supuesto comienzo de la Copa América, nadie puede garantizar que puede empezar. Más allá de fechas y sedes confirmadas luego de que se bajara Argentina, la incertidumbre continúa, increíblemente. Y queda reflejado en las declaraciones públicas de Casemiro (capitán local) y Tité (el técnico) ratificando que no quieren que se dispute. Y si los propios jugadores se oponen, se complica más…

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Hay mucho detrás de esta determinación de Jair Bolsonaro de acoger la Copa que era de Colombia y Argentina. Con el antecedente de Mundial, Juegos Olímpicos y Copa América, Conmebol acudió a Brasil, que aceptó organizarla. Pero hubo repudio de muchos, genuinos y también por intereses políticos del propio país. Y entonces más allá de que el presidente bancó la organización, hoy se duda. Pese a que ya en Río de Janeiro hay un grupo de la Conmebol trabajando en logística y otros aspectos.

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La Conmebol pudo llevar adelante la Libertadores y la Sudamericana pese al coronavirus, con estrictos protocolos sanitarios (el brote de River fue excepcional y hubo casos en algunos clubes). Con ese antecedente y con compromisos comerciales importantes, y con el ok de los distintos presidentes de asociaciones, siempre tuvo la idea de que la Copa América se juegue.

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Lo inesperado es la movida de los jugadores, confirmada a Olé. El mismo lunes Olé informó que la mudanza a Brasil había caído como una bomba y que incluso había contacto entre jugadores de distintas selecciones. El miércoles, Scaloni se opuso públicamente a la Copa y hasta indirectamente la puso en duda: “Si hay que ir, iremos”. El jueves Tité contó que el plantel le había trasladado su postura al presidente Bolsonaro y al de la CBF (Confederación Brasileña) y el viernes Casemiro volvió a plantarse, diciendo que irán a fondo luego de la fecha de Eliminatorias del martes.

Detrás de escena, hay un bloque de pesos pesados con la idea de que no se juegue la Copa. Uno de los líderes es Neymar, acompañado por un histórico como Dani Alves. Ellos ya hablaron con los referentes de Argentina (y de otros equipos), que dudan de viajar a Brasil aunque en Ezeiza la versión oficial es que “iremos al torneo”. Relación de confianza hay. Y del otro lado del charco están Luis Suárez y Cavani, en esa misma línea, ya lo dijeron públicamente. Además del bloque opositor de jugadores importantes, también hay cuestiones políticas, internas en el país vecino que desnudan la situación. Y detrás (o delante), el coronavirus que sigue complicando con contagios y muertos: con 16.800.000 infecciones y 469.000 muertes, Brasil es el tercer país en el mundo más complicado con la pandemia.

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Está claro que definen los organismos y las asociaciones, tanto como que se complicó mucho todo. El contacto entre los jugadores es permanente (lo blanqueó el ecuatoriano Arboleda, en declaraciones tras el partido en Porto Alegre) y el objetivo es el mismo. Mientras esperan el segundo partido de las Eliminatorias, la mayoría prefiere que la Copa se baje por un contexto mundial convulsionado.

La Conmebol sigue firme con su postura de disputarla. ¿Motivos? Se juegan Libertadores, Sudamericana y Eliminatorias y creen que con las burbujas sanitarias se puede llevar adelante la Copa América. Incluso hasta en Brasil se está disputando el Brasileirao, con grandes traslados, y acaban de terminar los torneos estaduales. “Los jugadores no tienen argumentos sólidos para negarse”, explican. Además, desde Conmebol creen además que la Copa América es clave para Sudamérica en la pelea con los europeos. “Nuestras selecciones cada vez juegan menos y van a llegar a Qatar en gran desventaja. Fijate que los europeos siguen jugando, y nosotros tenemos que volver a ser campeones del mundo. Así, más difícil”.

Son horas claves. Está todo armado para que la Copa se juegue, todo definido. Pero hay mucho ruido atrás y el final de la historia está abierto.



Tomado de Olé – Selección

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