la historia de su nuevo liderazgo en la Selección


A veces, la vida te va ubicando en diferentes lugares. A los terrenales. Y a los extraterrestres también. Messi ya pasó por cada estado en la Selección. Repasemos: el nuevo que llegaba a un grupo armado para el Sudamericano Sub 20 en el 2005; el crack que se ganó a todos (y les ganó a todos) en el Mundial de Holanda; el pibito que jugaba al fútbol en la habitación con Ustari, en Alemania 2006, pero casi no hablaba; el que se plantó ante Guardiola para poder cumplir el sueño de estar (y ganar) en los Juegos Olímpicos de Beijing; el que aceptó con orgullo la 10 de la Selección cuando se la dio Maradona; el que se apoyó en los más grandes en Sudáfrica 2010; el que decidió tener un rol más importante en el proceso con Sabella, ya con la cinta de capitán, pero rodeado de líderes naturales y grandes figuras; el que decidió aceptar todo el peso de la responsabilidad entre 2015 y 2018 pero con un plantel en el que se conocían hace mucho tiempo… Todo hasta llegar a esta Copa América 2021. Es decir: Messi y la historia de su nuevo liderazgo en la Selección

Messi hace 15 años que es la bandera y la cara de la Selección. Hace una década que lleva la cinta de capitán, en su brazo izquierdo. Después del mazazo del 2018, de ese Mundial en el que todo salió mal (incluida la previa, con el cambio de tres entrenadores), Messi tuvo que tomar una decisión: seguir o no seguir. Lo pensó en familia, escuchó el pedido del pueblo y decidió con el corazón, como siempre. Pero había que dar un paso más porque había una gran diferencia con las decepciones deportivas anteriores: el grupo ya no estaba más, Mascherano, Biglia, Lavezzi e Higuaín dijeron que su tiempo había terminado; Chiquito Romero y Rojo se fueron perdiendo en su falta de continuidad; Zabaleta y Demichelis se retiraron y los ejemplos siguen…

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No sólo era poner la zanahoria adelante nuevamente, con el sueño de una vuelta olímpica que hasta ahora viene siendo esquiva. Era empezar de nuevo: cuerpo técnico y compañeros. El desafío era/es/será mayúsculo. Volver a empezar pero con cuatro mundiales encima, con tres hijos, una familia y toda la presión en su espalda, porque ya no hay con quién compartirla.

Scaloni decidió armar su plantel primero. El DT hizo una jugada que, a la luz de los hechos, parece haber sido beneficiosa. No citó a Messi en los primeros seis partidos, lo dejó descansar y en ese tiempo probó jugadores, armó una pequeña base (aunque el casting aún continúa). Al séptimo día (perdón, partido), Leo resucitó. Volvió a la Selección con un 1-3 ante Venezuela en Madrid, que no fue el mejor de los comienzos, por el resultado y la pésima actuación colectiva. Pero el capitán entendió que era tiempo de tener paciencia y docencia, sabiendo que en el plantel quedaba solo un semi histórico como Otamendi con un papel principal y dos grosos como Di María y Agüero con roles (futbolísticos) secundarios.

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Leo fue rompiendo el hielo con todos. Se fue acercando a los más jóvenes. Trató que sus compañeros lo bajaran del póster y lo vieran como uno más. Eso fue ocurriendo en la Copa América 2019. Entre triunfos, empates y derrotas, entre broncas con la organización y el VAR, Messi fue armando un nuevo grupo. Ni mesa chica, ni grande. Todos. Y esa relación que se forjó en Brasil hace dos años, se está transformando en química. Se lo ve, obvio, con el trío que se sostuvo del Mundial pasado, pero también está siempre cerca de Paredes y De Paul, dos indispensables para el DT, adentro y afuera de la cancha. Pero más allá de con quién charla más o menos, Messi tomó una posición paternal, casi sobreprotectora de sus compañeros.

Como si no le alcanzara con Thiago, Ciro y Mateo, ahora Leo es el papá (de la) última generación. Esa camada de jugadores mucho más terrenales, que (por ahora) no juegan en los clubes top del mundo (salvo excepciones). Y todos entienden de qué va el futuro, de qué va ese sueño que viene postergándose hace 28 años, desde la última vuelta olímpica en Ecuador 1993. Messi sabe que para cumplir su máximo deseo debe seguir rompiéndola, pero además debe sumar dotes de liderazgo más allá del fútbol y por eso está atento, aconsejando, hablando e imponiendo condiciones, dentro y fuera del campo de juego, algo que quedó resaltado en el 1-0 ante Uruguay. Y los demás (los 27 que están ahora en Brasilia y el cuerpo técnico) parecen tener claro que deben aprovechar esta oportunidad (para muchos impensada), la de jugar con el mejor del siglo y de saber que con él, lo que parece imposible es posible.

LOS VIDEOS DE MESSI ANTE URUGUAY

LAS TABLAS DE LA COPA AMËRICA



Tomado de Olé – Selección

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