de la dependencia a no darle una mano


La construcción de un equipo viene siendo un desafío para todos los entrenadores que pasan por la Selección. Siempre la coyuntura los sacude con un baño de realidad: tienen poco tiempo para trabajar con los jugadores, la pandemia obligó a un stand by larguísimo y nunca fue fácil generar un circuito de juego que potencie aún más lo que Messi podía dar. Podía y puede dar.

El Messi + diez siempre fue mirado de reojo como si llegar a una final Mundial y dos de Copa América fuera poco. El diez + Messi suena mejor y más real para tiempos en los que la edad empieza a contar y las variantes de juego de equipo deben aparecer para dar el salto de calidad necesario para competir de igual a igual con quien sea.

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Scaloni dio señales de que va en ese camino más por nombres que por funcionamiento. Y acá hay que separar los errores conceptuales que se le pueden adjudicar al entrenador (la salida de Paredes o la tardía aparición de Agüero por analizar algunos) de las pifias individuales. Ahí es en donde lo dejan solo a Messi. En ese punto es en que la Selección se convierte en Messidependiente. Porque si Martínez Quarta sale a cualquier lado a achicar, si Lautaro le pifia de frente al arco, si Nico González no le acierta a dos metros, dependeremos de que Leo continúe pateando tiros libres como patea e, incluso, gane de cabeza en el área como ganó.

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La Messidependencia por sí sola no es un problema. Porque si el resultado contra Chile hubiera sido por lo que hizo Leo en la cancha, estaríamos festejando los tres puntos. El conflicto aparece cuando esa subordinación a que haga algo diferente el 10 no está acompañada porque cada uno haga lo mínimo de su parte, su función. Si no le dan una mano, eso de “tirar el centro y cabecear” no da resultado por más que se trate del mejor del mundo.

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Tomado de Olé – Selección

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