Con ilusión, pero sin desbordes


El andar de la Selección, la larga serie invicta, que incluye lo jugado hasta acá en la Copa América, con sólo dos goles en contra y nueve a favor, la sensación de una trayectoria de menor a mayor y, sobre todo, el nivel que trae Messi, empujan a ilusionarse con un final feliz.

Pero muchachos, vamos con calma y los pies en la tierra. Cierta percepción inversa sobre la marcha de Brasil en el torneo (como que va de mayor a menor) se mezcla para alentar nuestros deseos de que Argentina vuelva a festejar un título de mayores después de tantos años.

En ningún caso tendríamos que olvidar que antes del torneo y aun hoy, el favorito natural de esta copa es Brasil, y su potencialidad sigue siendo mayor.

No vaya a ser cosa que falle el pulso por los desbordes de ansiedad al ver la posible luz al final del camino.

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¿Cuánto de esta ansiedad habrá jugado en las desmesuradas reacciones de Lionel Scaloni, en especial durante el primer tiempo, del sábado durante el juego?

Concedamos que arbitrajes como el del brasileño Sampaio, permitiendo la violencia de los ecuatorianos, tienden a sacar de quicio a cualquiera. Pero si el entrenador pierde la calma es frecuente que transmita eso a sus jugadores y que se nuble para pensar. Todo el partido tiene que pensar.

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Bienvenida su reacción rápida, en las declaraciones posteriores admitió que se había excedido y que habló en el entretiempo de no enfocarse en el árbitro y no perder el eje.

¿Y cuánto de esa ansiedad hará que la Selección a veces parezca querer terminar el partido antes de tiempo, conservando la ventaja obtenida y cayendo en pozos que dejan crecer a los rivales?

Cierto que vienen soplando buenos vientos, que por momentos nos embalamos. Pero, como solía decir en esta columna el colega Walter Vargas, nunca hay que vender la piel del oso antes de cazarlo.



Tomado de Olé – Selección

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